La misma pregunta, veinte veces al día
Horario, dirección, plazos y condiciones ocupan el tiempo de quien debería estar preparando propuestas.
Asistentes que responden a las preguntas de siempre a partir de los contenidos de la empresa, y pasan la conversación a una persona cuando no saben.
La mayor parte de las preguntas que llegan a una empresa son las mismas: horario, dirección, plazos, precios de tarifa, el estado de un pedido, si tal servicio incluye tal cosa. Responder a eso ocupa el día de quien debería estar con las solicitudes que dan dinero y, fuera de horario, no responde nadie.
Un asistente de atención se encarga de esa capa. No es un menú de botones ni un árbol de opciones: responde en lenguaje corriente, a partir de los contenidos que le ha dado la empresa, y cuando la pregunta se sale de lo que sabe pasa la conversación a una persona con el historial ya escrito.
Este servicio es para quien tiene volumen de preguntas repetidas e información escrita que las responde. Si el problema es más bien cómo se reparten las solicitudes por dentro una vez que entran, mira la automatización de procesos; si es la gestión comercial de los contactos, mira CRM e integraciones.
Los encargos de atención automática suelen nacer de uno de estos síntomas.
Horario, dirección, plazos y condiciones ocupan el tiempo de quien debería estar preparando propuestas.
Quien escribe por la noche o el fin de semana no recibe respuesta hasta el siguiente día laborable, y mientras tanto se lo pide a otro.
Cada persona del equipo explica lo mismo a su manera, y algunas versiones ya no son correctas.
La respuesta está en la web, en el catálogo o en un documento interno, y aun así hay que preguntárselo a alguien.
Web, WhatsApp, correo y redes sociales, cada uno con su bandeja de entrada y sus olvidos.
Un asistente que se inventa una respuesta cuesta más que uno que dice que no lo sabe.
Un asistente que se inventa respuestas hace más daño que no tener atención ninguna. Por eso el trabajo empieza por la información y termina en el bot.
Leemos el historial de conversaciones, correos y formularios de los últimos meses y agrupamos lo que de verdad se pregunta. Es esa lista, y no una lista imaginada, la que define el alcance del asistente.
Reunimos los contenidos que responden a esas preguntas (páginas de la web, tarifas, documentos internos) y corregimos lo que esté desactualizado. El asistente solo puede responder a partir de aquí.
Definimos cómo habla, lo que nunca responde (precios fuera de tarifa, plazos por confirmar, asuntos legales) y en qué momento pasa la conversación a una persona, con el historial y el contacto ya recogidos.
Probamos con las conversaciones reales del primer paso, incluidas las mal escritas y las que se salen del tema, y ajustamos hasta que las respuestas erróneas desaparecen de la muestra.
Publicamos en un canal cada vez. Las primeras semanas leemos las conversaciones con tu equipo: lo que ha salido mal se convierte en una regla nueva o en contenido nuevo, no en una excusa.
Además del asistente respondiendo, te quedas con lo que necesitas para mantenerlo sin depender de nosotros.
En la web y, cuando tenga sentido, en WhatsApp, en el correo electrónico o en los mensajes de las redes sociales.
Los contenidos que sostienen las respuestas, en un sitio donde tu equipo puede corregirlos sin programar.
Reglas de cuándo pasar la conversación, a quién y con qué datos ya recogidos.
Todo lo que se ha preguntado y respondido, para revisarlo, corregirlo y entender qué quieren saber los clientes.
Cuántas conversaciones ha habido, cuántas se han resuelto sin ninguna persona y cuáles son las preguntas que se quedan sin respuesta.
La información de que la atención es automática y el tratamiento de los datos de la conversación, como exige la ley.
Lo que nos preguntan antes de poner un asistente a responder a clientes.
Con el historial de un mes de conversaciones podemos decirte qué porcentaje es automatizable y lo que eso vale en tiempo del equipo.
Otros servicios de Inteligencia artificial
Dinos cuándo te viene bien y te confirmamos la reunión. No es una reserva automática: siempre la confirma una persona, y puede ser en español o en inglés.