Contactos en buzones de correo personales
Cuando alguien está de vacaciones o se va de la empresa, la relación con esos clientes se va con él.
El CRM puesto en marcha y conectado con todo lo demás: contactos que entran solos, clasificados, con seguimiento y sin nada copiado a mano.
Un CRM es el sitio donde queda la historia de cada cliente y de cada oportunidad: quién es, de dónde vino, qué pidió, qué se le respondió y qué falta por hacer. Casi todas las empresas tienen esa información, repartida entre buzones de correo personales, hojas de cálculo, móviles y cabezas. Un CRM solo merece la pena cuando deja de ser un sitio más donde escribir y pasa a ser el único.
Ese es el trabajo aquí: poner el CRM a funcionar, conectarlo con los canales por los que entran los contactos y configurar lo que pasa después. Por norma implantamos Uper CRM, del que somos partners de implantación; si la empresa ya tiene un CRM, la primera opción es aprovecharlo. Los formularios de la web, la tienda online, el asistente de atención y el correo electrónico pasan a crear fichas solos, con el origen registrado y el comercial adecuado avisado.
La inteligencia artificial entra donde hay texto y clasificación: clasificar una solicitud, resumir una conversación larga, escribir el borrador del seguimiento, señalar las oportunidades paradas desde hace demasiado tiempo. Si la conexión que necesitas es puramente técnica, entre dos programas de gestión y sin ninguna decisión de por medio, mira las integraciones API.
Los encargos de CRM suelen nacer de uno de estos síntomas.
Cuando alguien está de vacaciones o se va de la empresa, la relación con esos clientes se va con él.
Se invierte en campañas sin poder decir cuáles han traído negocio, porque el origen nunca queda registrado.
Hay propuestas enviadas hace tres semanas que nadie ha vuelto a tocar, y no existe una lista de cuáles son.
La licencia se paga todos los meses, pero el equipo sigue trabajando con la hoja de cálculo de siempre.
El mismo cliente con tres fichas, direcciones distintas y dos responsables, según dónde se busque.
Contactos repartidos en tres sitios son contactos que no existen.
La mayoría de los CRM que fracasan no fracasan por ser una mala herramienta: fracasan porque se instalaron antes de que alguien definiera cómo vende la empresa.
Escribimos las fases por las que pasa una solicitud, desde el primer contacto hasta el cierre, y quién es responsable de cada una. Sin esto, cualquier CRM es una lista de nombres.
Por norma, Uper CRM: una base común con módulos por departamento y por sector, ajustada al número de usuarios y a lo que hay que conectar. Si ya hay un CRM en casa, la primera opción es aprovecharlo.
Juntamos lo que está disperso, eliminamos duplicados e importamos con el historial que haya. Es la parte más ingrata y la que decide si el equipo se fía del sistema.
Conectamos los formularios de la web, la tienda, el asistente de atención y el correo electrónico, para que cada contacto nuevo cree la ficha con el origen registrado.
Definimos la clasificación automática de las solicitudes, el reparto entre los comerciales, los recordatorios de seguimiento y lo que señala una oportunidad olvidada.
Enseñamos al equipo a trabajar dentro y volvemos al cabo de unas semanas para corregir lo que nadie está usando. Un campo que nadie rellena debe desaparecer.
Además del CRM funcionando, te quedas con lo que permite seguir sin nosotros.
Con las fases de venta, los campos y los permisos diseñados para la forma en que trabaja tu empresa.
Contactos y empresas sin duplicados, con el historial que se haya podido recuperar.
Web, tienda, atención y correo electrónico creando fichas solos, siempre con el origen registrado.
Reparto, recordatorios, avisos de oportunidad parada y borradores de respuesta cuando tenga sentido.
Oportunidades por fase, origen de los contactos y lo que está parado: las cifras que sirven para decidir.
Una sesión con el equipo y un documento breve con las reglas acordadas, para quien llegue después.
Lo que nos preguntan antes de cambiar la forma de gestionar los contactos.
Dinos por dónde entran las solicitudes, cuántas personas las tocan y qué usáis para registrarlas. Te decimos si toca un CRM nuevo, aprovechar el que hay o ninguna de las dos cosas.
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Dinos cuándo te viene bien y te confirmamos la reunión. No es una reserva automática: siempre la confirma una persona, y puede ser en español o en inglés.