Hay obra hecha y no hay dónde mostrarla
Veinte años de trabajo existen en fotos en el móvil de quien estuvo allí. Sin un lugar que las organice por tipo de obra, cada presupuesto nuevo empieza otra vez explicando de dónde se viene.
Quien elige un contratista, un instalador o una empresa de reformas está confiando su casa, bastante dinero y varios meses de su vida a desconocidos. La decisión se toma por confianza, y la confianza se construye con dos cosas: obra que se vea y gente que responda. Por eso, en este sector, una web con fotos del antes y el después vale más que cualquier texto sobre calidad y rigor, palabras que todos los competidores también escriben.
Hay además una particularidad: buena parte del trabajo ya llega por recomendación, y la recomendación pasa por un nombre que la persona tiene que poder buscar. Cuando alguien dice «fueron estos los que me hicieron la cocina», lo siguiente es una búsqueda por el nombre. Si ahí no hay nada, o hay una página desactualizada, la recomendación se pierde por el camino. Trabajamos la marca, el lugar donde se muestra la obra y los soportes que están a la vista: la furgoneta, la lona de la obra, el cartel.
Los encargos de este sector nos llegan casi siempre por uno de estos motivos.
Veinte años de trabajo existen en fotos en el móvil de quien estuvo allí. Sin un lugar que las organice por tipo de obra, cada presupuesto nuevo empieza otra vez explicando de dónde se viene.
La recomendación boca a boca acaba siempre en una búsqueda. Si el resultado es una página de terceros con la dirección equivocada, se pierde el cliente que ya venía convencido.
Calidad, rigor, cumplimiento de plazos. Es el texto de todo el mundo y, por eso, no distingue a nadie. Lo que distingue es el tipo de obra que se hace y la que no se hace.
El logotipo de la furgoneta no es el de la tarjeta, que no es el del presupuesto en Word. En una obra, eso se lee como improvisación, y la improvisación es justo lo que nadie quiere en su casa.
«¿Cuánto cuesta reformar un baño?» sin medidas, sin fotos y sin plazo obliga a una visita solo para entender la solicitud. Un formulario que pregunte lo esencial ahorra desplazamientos.
El alcance cambia según se trate de construcción, de reformas, de instalaciones o de venta de materiales, pero estos son los trabajos más pedidos.
Una web organizada por tipo de obra, con galerías de antes y después, la zona en la que trabajas y el formulario de solicitud. Es la pieza que convierte años de trabajo en argumento de venta.
Nombre, logotipo, paleta y tipografía pensados para aguantar lo que exige este sector: un cartel al sol, una lona sucia de obra y una tarjeta arrugada en el bolsillo. Más la papelería: presupuesto, factura, parte de obra.
Lonas de vallado, carteles de obra, vinilos de furgoneta y uniformes. En una calle donde la obra dura meses, el vallado es el mayor anuncio que va a tener la empresa, y es gratis.
Una solicitud que ya llega con el tipo de obra, la zona, las medidas aproximadas y fotos, para responder sin una visita previa y no perder tiempo con lo que no es para ti.
La ficha de la empresa en los mapas, con dirección, horario, teléfono y fotos actualizadas, que es el primer resultado para quien busca por el nombre o por «cerca de mí».
Registro fotográfico de las obras a medida que avanzan, para alimentar la web y las redes sin tener que pararlo todo para una sesión de fotos.
Cada página explica el proceso, lo que recibes al final y las preguntas más frecuentes.
Casa Melhor reunió web, impresos y vinilos. Reab es marca e impresos para rehabilitación. Toptronics es la web de una empresa de instalaciones eléctricas. El resto está en el portfolio.
Lo que nos preguntan antes de empezar un proyecto en esta área.
Dinos qué tipo de obra haces, en qué zona y qué tienes ya fotografiado. Recibirás una propuesta con alcance, fases e importe, ya sea para la web, para la marca o para los soportes.
Dinos cuándo te viene bien y te confirmamos la reunión. No es una reserva automática: siempre la confirma una persona, y puede ser en español o en inglés.