La web nueva se publicó el jueves. Es mejor en todo: más rápida, más bonita, por fin decente en el móvil. Tres semanas después, las visitas de Google han caído a la mitad y nadie entiende por qué.
Esto pasa a menudo y casi nunca es mala suerte. Es una lista corta de cosas que se quedaron sin hacer, y que cuestan poco antes del lanzamiento y mucho después.
La causa número uno: las direcciones cambiaron y nadie avisó
En la web antigua, una página estaba en /servicios/consultoria.html. En la nueva está en /servicios/consultoria/. Para ti es la misma página. Para Google son dos, y la antigua (la que tenía años de historial y enlaces de fuera) ha pasado a dar error.
La solución se llama redirección permanente y consiste en decir «lo que estaba aquí se ha mudado allí», dirección por dirección. No es opcional ni es un detalle técnico: es la diferencia entre mantener lo que se ha construido y empezar de cero.
Se hace así: antes de apagar la web antigua, se saca la lista de todas las direcciones que existen, y para cada una se decide cuál es la página nueva correspondiente. Si no hay correspondencia, se apunta a la sección más cercana, nunca a la página de inicio en bloque, que es el atajo perezoso que Google trata como si fuera un error.
Las otras cuatro
- Se quedó bloqueando a los buscadores. Durante la construcción, la web estuvo cerrada a la indexación, y el día del lanzamiento nadie la abrió. Es el error más fácil de cometer y el más fácil de comprobar.
- Se perdieron los títulos y las descripciones. El contenido se pasó a mano y los títulos de cada página quedaron todos iguales, o quedaron los que generó la herramienta sola.
- El texto encogió. Se aprovechó para «limpiar», y las páginas que traían visitas se quedaron con tres frases y una foto grande.
- La medición se rompió. El código de analítica no pasó a la web nueva, y durante un mes no se supo qué estaba pasando, lo cual es especialmente malo, porque es justo el mes en el que hay que saberlo.
Qué hacer antes de apagar la antigua
Cuatro cosas, y todas antes, no después.
Guarda lo que trae visitas. Saca la lista de las páginas que más visitas han recibido de Google en el último año. Esas son las que tienen que sobrevivir al lanzamiento, con la misma dirección o con redirección.
Guarda lo que trae enlaces. Si alguna web de fuera apunta a una página tuya, esa página vale más de lo que parece. Perderla es perder un trabajo que ni siquiera hiciste tú.
Haz una foto de los números. Visitas, contactos, posiciones en las búsquedas que importan. Sin esto, dentro de un mes estarás discutiendo impresiones.
Deja la web antigua en pie unos días. No borres nada hasta estar seguro de que todo responde.
La semana siguiente
Envía el mapa de la web nueva a las herramientas de Google y solicita la indexación de las páginas principales. Después, cada día durante dos semanas, revisa la lista de errores: son las redirecciones que se quedaron sin hacer, y todavía estás a tiempo.
Cuenta con una oscilación en las primeras semanas aunque todo esté bien hecho: Google tarda un tiempo en volver a ordenarlo todo. Lo que no es normal es que la caída se mantenga al cabo de seis u ocho semanas. Ahí hay algo de la lista por resolver.
Y si ya has lanzado y ya has caído
No está todo perdido, y el orden es el mismo. Recupera la lista de direcciones de la web antigua (el historial de las herramientas de Google todavía la tiene), haz las redirecciones que faltan y comprueba que nada está bloqueando la indexación.
La recuperación suele llevar algunas semanas y rara vez vuelve exactamente al punto anterior, pero se recupera la mayor parte. Es trabajo de diseño web con SEO, y cuanto antes se haga, menos se pierde.
¿Vas a cambiar de web?
Dinos qué tienes hoy y qué quieres que cambie. Nos encargamos del lanzamiento con las redirecciones hechas y los números guardados antes de apagar la antigua.