Marca · Inteligencia artificial
Lo que la inteligencia artificial no escribe por ti
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Escribir textos ha dejado de ser un problema de tiempo. En dos minutos tienes la descripción de un servicio, una publicación para redes y tres versiones de un correo, todo correcto y todo bien escrito.
El problema ha cambiado de sitio. Cuando todo el mundo usa las mismas herramientas para escribir sobre los mismos temas, los textos empiezan a parecerse todos, y tu empresa pasa a ser una voz más en una cadena de montaje que produce corrección sin decir nada.
Un modelo escribe la media
Merece la pena entender lo que hace una de estas herramientas, sin misterio: ha aprendido de una cantidad enorme de texto y produce lo que, estadísticamente, suele venir a continuación. Lo hace bien, y por eso el resultado siempre suena razonable.
Pero la media de todo lo que se ha escrito sobre un tema es, por definición, el lugar común de ese tema. Pídele un texto sobre tu empresa y recibirás soluciones a medida, equipo dedicado y compromiso con la calidad, las mismas palabras de las que ya hablamos a propósito de las marcas que dicen lo que dicen todas.
No es un defecto de la herramienta. Es lo que hace.
Lo que no puede saber
Hay toda una categoría de cosas que ningún modelo puede inventar, por bueno que sea, porque no existen en internet: solo existen en tu empresa.
- Opiniones. Lo que crees que tu sector hace mal. Un modelo evita tomar posición: está hecho para eso.
- Rechazos. El trabajo que no aceptas y por qué.
- Las palabras de tus clientes. La forma exacta en que describen el problema cuando llaman. Casi nunca es el lenguaje del sector.
- Tus cifras. Plazos reales, lo que suele salir mal, cuánto cuesta algo así en España.
- Lo que salió mal. Un modelo escribe casos de éxito; no escribe la parte en la que os equivocasteis y volvisteis atrás, que es la parte que hace creíble la historia.
Dónde compensa de verdad usarla
Nada de esto es un argumento para no usarla. Es un argumento para usarla en la parte correcta del trabajo.
Es excelente para darle la vuelta a un texto que ya existe: acortar, cambiar el tono, ordenar notas sueltas, generar cinco títulos para elegir uno, traducir, pasar una explicación técnica al lenguaje de quien no es del sector. Y es una ayuda seria para quien se bloquea delante de la hoja en blanco: un primer borrador malo es más fácil de corregir que un vacío.
La regla práctica que suele funcionar: usarla para dar forma a lo que ya tienes, nunca para descubrir qué tienes que decir. El fondo lo pones tú; ella se ocupa del resto.
Lo que nunca se delega
Tres cosas, y por razones que no son estéticas.
Una promesa. Plazos, garantías, lo que está incluido. Si la herramienta se inventa una condición que no aplicas, quien responde es la empresa.
Una disculpa. Cuando algo sale mal con un cliente, un texto perfecto e impersonal hace más daño que una frase mal construida escrita por quien estuvo allí.
Una posición pública. Si la empresa va a decir que cree en algo, tiene que haber alguien que lo crea. Volvemos al mismo punto: un modelo no tiene posiciones, tiene medias.
Una consecuencia práctica
Aquí hay una ironía útil. A medida que internet se llena de texto medio, el texto con cosas concretas dentro vale más: para quien lo lee y, como escribimos a propósito de aparecer en las respuestas de la IA, también para los sistemas que eligen qué fuentes citar.
Es decir: escribir con opinión, con cifras propias y con lo que solo sabe tu casa ha dejado de ser un lujo de marca y ha pasado a ser la única forma de no desaparecer. Es lo que hacemos en copywriting.
¿Tus textos podrían ser de cualquier empresa?
Envíanos un texto tuyo: de la web, de una propuesta, de una publicación. Te decimos qué es tuyo y qué es la media del sector.